Wednesday, July 24, 2019

Estonia pide paso en la clásica

elpais.com
Pablo Rodriguez
24.07.2019


El Festival Musical de Pärnu culmina su novena edición con un Chaikovski inolvidable bajo la dirección de Paavo Järvi.


Integrantes de la sección de viento madera de la Orquesta del Festival de Estonia durante un concierto, el pasado jueves en Pärnu. KAUPO KIKKAS


Veranear en Pärnu es una vieja tradición en Estonia. Lo podemos comprobar en la novela Vuelo estático, de Jaan Kross (publicada por Impedimenta), donde el gran representante de las letras estonias, y varias veces candidato al Nobel de Literatura, relata los infortunios de una generación a través de la vida de Ullo Paerand. Jóvenes que padecieron la ocupación de los alemanes y los rusos, desde los años treinta y cuarenta del siglo XX, pero que veraneaban en la tranquila playa de esta hermosa localidad a orillas del Báltico, con arena blanca y aguas cristalinas. Hoy Pärnu sigue siendo el destino vacacional predilecto de los estonios. Dispone de abundantes parques, algunas atracciones turísticas, como su Torre roja medieval, la Iglesia barroca de Santa Isabel o la modernista Villa Ammende (hoy convertida en hotel de lujo) junto a varios spa y balnearios.

Pero también se ha convertido en la sede de un importante festival de música clásica. Es algo que proviene de la etapa soviética. El legendario violinista David Óistraj pasó aquí sus vacaciones veraniegas, entre 1955 y 1970, en una sencilla dacha de color verde ubicada en el núm. 1 de la calle Toominga. Lo atestigua, todavía hoy, una placa de madera. Allí solía reunir a colegas y estudiantes en un ambiente amigable para hacer música juntos. Y de esos encuentros surgió, en 1970, el embrión del actual festival, que se llamó ocasionalmente “Días musicales de Beethoven”, en conmemoración del bicentenario del compositor. Después se rebautizó como Festival David Óistraj, tras la muerte del violinista, en 1974. Y continuó, con algunas interrupciones, hasta la conmemoración de su centenario, en 2008. Pero aquí también pasó algunas vacaciones estivales el compositor Dmitri Shostakóvich al final de su vida. En Pärnu compuso, por ejemplo, sus Seis poemas de Marina Tsvetáyeva , en agosto de 1973. Y existe una fotografía que documenta esa visita. En ella podemos ver al compositor, junto a los dos principales impulsores actuales del festival que, como buenos estonios, también pasaban su descanso estival en Pärnu: el director de orquesta Neeme Järvi y su hijo Paavo, que contaba nueve años.

Los Järvi son, en la actualidad, una de las principales dinastías de músicos clásicos. Aparte del patriarca, Neeme (Tallin, 82 años), un discípulo de Mravinski, con titularidades en varias orquestas importantes, como la Royal Scottish y la Suisse Romande, y una de las mayores fonografías de un artista clásico (cerca de 500 discos), cuenta con tres hijos, todos ellos músicos al más alto nivel. El mayor, Paavo (Tallin, 56 años), es uno de los principales directores de orquesta del momento. Ha seguido la estela fonográfica paterna y está a punto de iniciar una nueva titularidad en la Tonhalle de Zúrich. Su hermana Maarika (Tallin, 54 años) es flautista y fue, en los noventa, la solista de ese instrumento en nuestra Orquesta de RTVE. Y el benjamín, Kristjan (Tallin, 47 años), ha buscado su propio camino como destacado director de orquesta y compositor, pero desde una óptica más rebelde y crossover. “La razón de que la personalidad de mi hermano Paavo y la mía sean tan diferentes, como directores de orquesta, estriba en que él se formó en los setenta en la conservadora Estonia soviética, mientras yo estudié en el efervescente Nueva York de finales de los ochenta”, confiesa Kristjan a EL PAíS.
ampliar fotoPaavo Järvi al frente de la Estonian Festival Orchestra, el pasado jueves en Pärnu. KAUPO KIKKAS


Una diferencia que, en realidad, fue también la consecuencia de la emigración de toda la familia a Estados Unidos, en 1980. Neeme había tenido graves problemas con las autoridades soviéticas, tras el estreno de Credo, de Arvo Pärt. “Fue un gran escándalo porque en la antigua URSS estaba prohibido escribir música sobre textos religiosos”, recuerda Neeme. “Yo respondía que entonces no entendía la razón por la que sí podíamos tocar la Pasión según san Mateo, y me respondieron que Bach era un compositor de la RDA”. Paavo añade su propio testimonio: “Quedarse era muy peligroso, pues nadie era más grande que el Sóviet Supremo, y mis padres pensaron que debíamos crecer en un país libre”. Tras la independencia de Estonia, los Järvi retomaron lentamente la relación con su país. Neeme reactivó, en 1998, el Festival Óistraj de Pärnu, al que había estado vinculado desde sus inicios. Y puso en marcha, dos años después, una academia veraniega para formar jóvenes directores, junto a una orquesta juvenil, tanto con su hijo Paavo como con directores invitados de la talla de Gennadi Rozhdéstvenski.

Tras el fin del Festival David Óistraj, en 2008, que Neeme culminó simbólicamente con la Sinfonía “Los adioses”, de Haydn, Paavo Järvi puso en marcha su propio proyecto. Y el actual Festival Musical de Pärnu nació, en 2011, con la intención de crear la Orquesta del Festival de Estonia (EFO), un conjunto de excelencia formado por los mejores músicos del pequeño país báltico junto a colegas invitados de otras formaciones internacionales. “Alguien lo comparó enseguida con la Orquesta del Festival de Lucerna, aunque no tenemos semejante potencial económico. Aspiramos a alcanzar un nivel artístico comparable. Pero la clave aquí es la amistad, la complicidad y la familiaridad”, aclara Paavo. Para este director, la orquesta es el resultado de la conjunción de músicos con los que ha desarrollado cierta química especial en los últimos años trabajando en diferentes orquestas. “Siembre hay dos o tres músicos en cada orquesta con los que la comunicación es total. Que me permiten entablar conversaciones con los ojos durante una interpretación y conseguir momentos inolvidables”, asegura.

La comparación de esta orquesta con Lucerna, que reflotó Claudio Abbado en 2000, no sólo es obvia, por diseño y calidad, sino también por evolución. Hace dos años, la EFO lanzó su primera grabación centrada en Shostakóvich, en el sello Alpha. Hay planes para realizar más el año que viene. Pero, además, en 2018, y coincidiendo con la celebración del centenario de Estonia, emprendieron una gira por Berlín, Hamburgo y los Proms londinenses. Y, el pasado abril, realizaron otra por Japón. Su primera actuación, en la presente edición del festival, tuvo lugar el pasado jueves, 18 de julio, y permitió comprobar las señas de identidad del conjunto. El concierto se celebró, al igual que la mayoría de las actividades de esta cita veraniega, en la Sala de Conciertos de Pärnu. Un auditorio inaugurado en 2002, con 900 butacas de aforo y una acústica suficiente para albergar repertorio sinfónico y camerístico.

L’ombra della croce, del compositor estonio Erkki-Sven Tüür, mostró, de entrada, la hondura y calado de la cuerda de la EFO. Tüür, que este año ha sido el compositor residente del festival, como celebración de su 60 cumpleaños, escribió esta obra como un curioso experimento de regreso al estilo de juventud desde la madurez. Ese “otro yo” que un artista nunca debería evitar. A continuación, en el Concierto para violonchelo en si menor, de Dvorak, la calidad de la madera resaltó en la introducción orquestal, con un breve solo del clarinetista Matthew Hunt que flotó en el ambiente. Y los diálogos con el solista, en el desarrollo del primer movimiento, fueron pura música de cámara, como ese pasaje en la bemol menor con el flautista Michel Moragues. Sin duda, el violonchelista noruego Truls Mørk hizo valer su condición de especialista en la obra. Pero se decantó por un enfoque contemplativo y sin conflictos. La segunda parte se abrió con un curioso homenaje sinfónico de Kristjan Järvi a su padre, titulado Korale for 80, en donde narra su vida a partir de la elaboración de una canción popular estonia. Y lo mejor llegó, a continuación, con una versión imponente de la Sinfonía núm. 1, de Carl Nielsen. Paavo Järvi dominó el secreto interpretativo del compositor danés que, lejos de la evocación atmosférica de un Sibelius, incide en trazados rítmicos y juegos tonales muy precisos.

Fue posible comentar esta impresión, después del concierto, con el propio director de orquesta. “Con Nielsen y Sibelius pasa lo mismo que con Stravinski y Prokófiev, que son completamente diferentes”, aseveró Paavo. Otra de las curiosidades de este festival es, precisamente, la estrecha relación entre el público y los artistas. Y los encuentros con ellos resultan naturales, ya sea en una pizzería cercana o en un café situado en el centro de la ciudad. Aquí no hay egos, sino personas verdaderamente apasionadas en hacer y escuchar la mejor música. Esa naturalidad trascendió en el segundo concierto, el viernes 19 de julio, donde escuchamos un sensacional programa de música de cámara seleccionado por Erkki-Sven Tüür. Aparte de obras de Berg y Webern, los solistas de viento de la EFO destacaron en las Seis bagatelas para quinteto de viento, de Ligeti. Hubo una extraña reconstrucción de la versión original para septeto del poema sinfónico En Saga, de Sibelius, donde pudimos escuchar a buena parte de la próxima generación musical de los Järvi, con la propia Maarika a la flauta. Pero lo más destacado fue el Sexteto para cuerda, de Korngold, una composición excepcional, que pudo escucharse esta temporada en la Fundación Juan March. Era la acompañante habitual de Noche transfigurada, de Schönberg, en los conciertos vieneses, antes de que ambas obras fueran prohibidas por los nazis. Y la condición de último romántico que mira hacia la modernidad, a sus 19 años, sobresalió admirablemente en el adagio, con esas intensas y seductoras armonías bitonales que reveló el conjunto liderado por el violinista Florian Donderer.

Los conciertos del sábado, 20 de julio, se iniciaron en el Museo de Arte Moderno de Pärnu con una exposición fotográfica del estonio Kaupo Kikkas. El evento fue aderezado por la música del compositor más famoso de Estonia, Arvo Pärt, pero también del gran compositor letón Pēteris Vasks. La presencia del propio Vasks añadió interés a la velada, ya que se implicó en ilustrar a los jóvenes integrantes de la Orquesta Sinfónica de la Academia Järvi acerca de la interpretación de su Cuarteto núm. 2. Lo mejor fue, no obstante, una admirable versión de otra de sus obras: Paisaje con pájaros, para flauta sola, que elevó (y nunca mejor dicho) la joven Maria Luisk desde una sala adyacente. La muestra de talento de los jóvenes músicos de este concierto se confirmó, horas más tarde, en la Gala Final de la Academia Järvi. Un amplio muestrario de jóvenes batutas, pues se dispuso un director diferente para cada movimiento de una misma obra. Vimos el impulso fascinante de las jóvenes directoras con personalidad propia, caso de Maria Seletskaja, una ex-bailarina que contagió con su elegancia a los jóvenes de la Academia en Bucolic, de la compositora estonia Ester Mägi. Escuchamos una brillante interpretación de la Sinfonía núm. 3 “Litúrgica”, de Honegger, donde destacó especialmente el ruso Yaroslav Zaboyarkin en el tercer movimiento. Y vimos al heredero en formas y, quizá también en talento, de su progenitor, en Taavi Oramo, hijo de Sakari Oramo, que se batió con el Andante de la Sinfonía núm. 38, de Mozart, frente a una orquesta con demasiados efectivos.

Pero el verdadero evento del festival fue el concierto de clausura, el domingo, 21 de julio. Un programa muy personal de Paavo Järvi al frente de la EFO que se inició con otra composición de Tüür de título muy directo: Quien siembra vientos… . Una intensa partitura orquestal, de 2015, que pone encima de la mesa el cambio climático, la inmigración y el rebrote del totalitarismo. La cincela con su “método vectorial” y culmina en un final demoledor. “No soy muy optimista sobre el futuro”, reconocía Tüür a este periódico acerca de la obra. “Esta composición es un llanto personal. Una advertencia sobre lo que está pasando”. Para completar la primera parte actuó el poderoso bajo estonio, Ain Anger, que cantará Hunding la próxima temporada en el Teatro Real. Exhibió su esmalte dramático en los Cantos y danzas de la muerte, de Músorgski, con realización orquestal de Kalevi Aho. No obstante, el público disfrutó más con el aria de Gremin, de Eugene Onegin. Pero Chaikovski encontró su líquido elemento en la segunda parte. Järvi volvió a apoyarse en otra sinfonía excepcional y poco frecuentada, como la Segunda, subtitulada “Pequeña Rusia”, por su relación con Ucrania. Y no sólo dirigió una versión inolvidable de la obra, sino que encontró la fórmula ideal para moldear en sonido ese ambiente especial vivido estos días en el festival. Esa alegría de hacer música juntos al máximo nivel, como trasunto del legendario lema de Claudio Abbado en Lucerna. La fiesta continuó con varias propinas y Paavo terminó improvisando un discurso donde dejó bien clara una cosa: Estonia pide paso en la música clásica.

Monday, July 22, 2019

Hirtenmädchen und Frühlingsfliegen: beim Pärnu Music Festival werden selbst ungeprobte Zugaben nicht zur valse triste

klassiker.welt.de
Manuel Brug
22.07.2019



„Dieses Festival ist nur ein Vorwand, gute Freunde zu versammeln und gemeinsam mit ihnen diesen Ort tief in unserem Herz zu verankern.“ Paavo Järvi sagt es sehr schön und sehr ehrlich in seiner Schlussansprache nach getaner Pärnu Music Festival-Arbeit. Das letzte Konzert der 2019-Ausgabe ist vorbei, die Kräfte sind erschöpft, die Gemüter glücklich. Auch weil man schließlich noch gemeinsam durch den Rausch von drei – ungeprobten – gleichwohl fantastisch gespielten Zugaben gegangen ist. Nach einer bezwingend pianissimo gewisperten Valse triste von Sibelius, folgte der hirtenmädchen-fitzelige „Vlallflickans dans“ aus der Bergakungen Suite von Hugo Alfén und schließlich, der Beifall zum in Estland superpopulären bekannten Klarinettensolo war so spontan, dass selbst der abgebrühte Matthew Hunt erstmal herzlich lachen musste, der Walzer aus dem Film „Die Frühlingsfliege“ von Lepo Sumera. Aber vorher schon musste zur Pause hin der Este Ain Anger, längst eine Bassurgewalt auf allen Wagner- Verdi- und Mussorgsky-Opernbühnen der Welt, die Gremin-Arie aus dem „Eugen Onegin“ wiederholen. Denn auch das enthusiastisch ausflippende Publikum hatte sich Beifallsmäßig so richtig eingegroovt.



Der letzte Festivaltag hatte mit dem traditionell nachmittäglichen Kinderkonzert in der hinreißenden Jugendstil-Villa Ammende begonnen, heute ein preziöses Boutique Hotel. In dem jetzt, locker über die verschiedenen, liebevoll ausgestatteten und restaurierten Gasträume und –Stuben verteilt, junge Musiker warten, um noch jüngeren Fans ihre Instrumente vorzuführen und dann kleine Stücke für sie zu spielen.



Ein letztes Mal geht es zwischen all dem Grün und den entspannten Urlaubern per Pedal hin zur Konzerthalle an der Innenseite der Strandhalbinsel. Das Abschlussprogramm des erstaunlich in diesen Jahren klanglich zusammengewachsenen Estonian Festival Orchestra würde wohl kaum ein Veranstalter buchen – obwohl Järvis Musiksturmtruppe inzwischen schon das Baltikum, Europa und dieses Jahr Japan bereist hat; 2020 sind sogar die teuren USA für eine Tournee fest in Planung. Es beginnt – er ist schließlich Composer in Residence – einmal mehr mit Musik von Erkki-Sven Tüür. „Sow the Wind“ ist ein still beginnender, sich aggressiv, aber machtvoll orchestriert steigernder Zwanzigminüter, über den Zustand der Wind säenden und stürme erntenden Welt. Nicht platt, eher hilflos, aber nachdrücklich melancholisch anklagend.



Und ähnlich depressiv, aber von der schönsten Art, geht es weiter: Ain Anger arbeitet sich skrupulös wie suggestiv durch die vier „Lieder und Tänze des Todes“ Modest Mussorgskys. Zu hören war nicht die strohige Orchestrierung von Schostakowitsch, sondern die schmiegsamere, klangfarbenfeinere von Kalevi Aho. Anger hat die seltene Fähigkeit aus diesen schrecklichen Geschichten geisteswache Zustandsbeschreibungen erstehen zu lassen, das Anekdotische wächst sich ins Allgemeine aus, packt und lässt nicht mehr los. Ein selten präsenter Interpret, dem das nur mit stimmlichen Mitteln gelingt.



Nach der Pause dann das große, freundvoll explodierende Finale mit Peter Tschaikowskys 2. Sinfonie, der Ukrainischen oder Klein-Russischen. In eine einstmals besetzten Land immer noch mit einer gewissen Delikatesse zu genießen. Das Orchester verbeißt sich förmlich in schönste Hornsoli und wiegende Folklorismen, zackig markante Marschrhythmen und zum Finale in das Große Tor von Kiew, das sich auch hier zu den Klangbildern einer Tschaikowsky-Ausstellung wölbt und öffnet. Paavo Järvi hat das bestens im Griff, treibt an, hält zurück. Es darf auch mal grell werden, doch der mattierte Feinklang des Ensembles ist stets zu spüren. Das explodiert schließlich in einer Apotheose des Blechs, Tschaikowsky-Orgasmus pur. Aber keiner stirbt hier kleine Tode, alle sind begeistert.



Und, man muss ja schließlich weiterdenken, am 2. Oktober startet Paavo Järvi in Zürich als neuer Chef des Tonhalle Orchesters. Diese meisterlich extrovertierte wie intime Interpretation macht Lust auf den dort nächste Saison auch als Aufnahmeprojekt startenden Tschaikowsky-Zyklus. Und dann ist ja auch schon wieder Sommer, und das 10. Pärnu Jubiläumsfestival wartet. „Das wahrlich kein Endpunkt werden soll, sondern ein neuer Anfang“, wie Paavo Järvi allen zum Abschied verspricht. Wir werden ihn beim Wort nehmen.

http://klassiker.welt.de/2019/07/22/hirtenmaedchen-und-fruehlingsfliegen-beim-paernu-music-festival-werden-selbst-ungeprobte-zugaben-nicht-zur-valse-triste/#more-8543

From Pärnu with Love: Tchaikovsky 2 fizzes under Paavo Järvi

bachtrack.com
Mark Pullinger
22.07.2019

“Erkki-Sven Tüür's Sow the Wind, Mussorgsky's Songs of Dances of Death and Tchaikovsky 2... this is not good box office!” admitted Paavo Järvi at the reception following the final concert of the Pärnu Music Festival. There's a ring of truth to this. Most orchestral managers would shudder in the face of such a programme, but box office considerations and pandering to sponsors are far from Järvi's mind in his Pärnu planning. Yet the concert hall, regardless of the programme, was packed for the Estonian Festival Orchestra's finale and the audience was rewarded with terrific performances.


Ain Anger and the Estonian Festival Orchestra
© Taavi Kull

Environmental concerns lay behind Tüür's work, which was premiered by Järvi with the Orchestre de Paris in 2015. Although there is no explicit attempt at programmatic music to depict the biblical quotation “For they sow the wind, and they shall reap the whirlwind”, Tüür does develop small details – ululating clarinets, glockenspiel flecks, a dialogue between violins – and hurls back an apocalyptic storm of orchestral power that tested the hall's limits. It was a particularly great workout for the EFO's busy percussionists, bowed cymbal, cowbells and gongs to the fore.

Pärnu isn't far from St Petersburg and the rest of the evening was devoted to two Russian composers. In his Songs and Dances of Death, Mussorgsky dresses Death in various disguises to claim his victims: a nanny, to rock a feverish child to eternal sleep; a serenading lover; a woman seducing a drunken peasant, inviting him to dance a Trepak; a Field Marshal, commanding officer over an army of skeletons. The songs are usually heard in Shostakovich's 1962 orchestrations, but Järvi chose Kalevi Aho's 1984 setting, made for the great Finnish bass, Martti Talvela. Estonian Ain Anger completely beguiled, his charcoal bass enveloping the audience like a warm hug. Towering over Järvi, he powered over Aho's percussion artillery – thundersheet cannons in The Field Marshal – with sepulchral ease, his characterisations vividly drawn. We were then treated to Gremin's aria from Eugene Onegin, sung with a velvet caress at a tempo that avoided syrup. The strings swooned, the audience swooned and demanded Anger sing it all over again so we could swoon a little bit more.


Paavo Järvi and the Estonian Festival Orchestra
© Taavi Kull

The “Little Russian” Symphony derives its name from the Ukrainian folk tunes Tchaikovsky employed, “Little Russia” being the imperialist term once used to describe the country. It's a symphony packed with wonderful music, yet it needs a vivid performance to make it come alive. And that's exactly what Järvi and the EFO delivered. Alec Frank-Gemmill, principal horn of the Gothenburg Symphony, glowed in the opening variant on Down by Mother Volga in the slow introduction before Järvi wound the tension superbly to launch into the first movement's Allegro vivosection, the strings crackling with energy. The second movement march was humorously done, the woodwinds like puckish monks sneaking back into the monastery after a night on the tiles, while double basses and cellos really powered the scampering Scherzo. But it was the finale which took one's breath away. After playing up the mock bombast of the opening brass fanfare, Järvi punctured it completely with the cheeky string interplay on variations on the folk song The Crane, finishing with a gloriously unbuttoned coda.

Three encores followed – the icy cool of Valse triste developing into something almost volcanic at its climax; perky Alfvén and Lepo Sumera's The Spring Fly, an Estonian favourite whose opening clarinet phrase alone had the audience applauding, causing Järvi to invite the orchestra to stand... and clarinettist Matt Hunt to corpse when attempting to restart. All tremendous fun.

Paavo Järvi has created something very special here, bringing musicians from around the world together to play in such a relaxed, picturesque environment where music – rather than commercial sponsorship – is the driving force. Yet the economic situation is delicate. As Järvi shrugs, “If you know an oligarch or two...”

Dirigendid Järvid juhatavad Lääne-Euroopa ja Eesti muusikafestivalidel

err.ee
Priit Kuusk
22.07.2019

Neeme Järvi, Paavo Järvi ja Kristjan Järvi Autor/allikas: Ülo Josing / ERR

Neeme Järvi, Paavo Järvi ja Kristjan Järvi nimesid võib paljude kontsertide dirigentidena märgata ka suvises Euroopas. Suvi on Euroopas kultuuri- ja eriti muusikafestivalide aeg, kuhu Järvid on oodatud esinema üritustel mitmel maal.

Neeme Järvi, Paavo Järvi ja Kristjan Järvi nimesid võib paljude kontsertide dirigentidena märgata ka suvises Euroopas. Suvi on Euroopas kultuuri- ja eriti muusikafestivalide aeg, kuhu Järvid on oodatud esinema põnevatel üritustel mitmel maal.

Paavo Järvi on kogu juulikuu alguspoole dirigeerinud tema käe all tegutsevat orkestrit Deutsche Kammerphilharmonie Bremen. 5. juulist kuni 14. juulini anti neli kontserti, esitades eeskätt Robert Schumanni loomingut. Kavades olid Schumanni avamäng "Manfred", Klaverikontsert, solistiks sh Grammy ja Gramophone'i laureaat Daniil Trifonov, ning Sümfoonia nr 1. Tšaikovski Viiulikontserdi solist oli Paavo kauaaegne koostööpartner Lisa Batiashvili. 5. juuli kontsert Saksamaal Ingolstadti linnateatris toimus firma Audi suvesarjas nende toetusel. 7. juulil mängiti festivali Kissinger Sommer programmis Bad Kissingeni Regentenbaus, 12. juulil sama kava Rheingau festivalil Wiesbadeni Kurhausis, siin pälvisid nii orkester kui ka dirigent läinud aasta esinemiste eest Rheingau muusikapreemia.

Lausa eelmisel päeval, enne kui ta 15. juulil Pärnus Eesti Festivaliorkestri esimesele proovile jõudis, dirigeeris Paavo Järvi 14. juulil Bremeni orkestrit Bad Kissingeni Regentenbaus festivali Kissinger Sommer lõppkontserdina: Beethoveni kontsertaaria "Ah! perfido" op. 65, Mozarti motett "Exsultate, jubilate" KV 165 ja Missa c-moll KV 427. Õhtu solistiks oli festivali selle aasta resideeriv solist, noor vene sopran Julia Ležneva, kaastegev Baieri Raadio koor.

Enne kaht kontserti Eesti Festivaliorkestriga Pärnu muusikafestivalil (18. ja 21. juulil) oli Paavo Järvil 16. juulil kontsert ERSO ees Tallinnas Noblessneri valukojas: Sibeliuse "Tapiola", erakordsena kavas Lepo Sumera Tšellokontsert (1999), kus solistiks ERSO tšellorühma kontsertmeister nooruke Theodor Sink, ja õhtu suurteosena Richard Straussi "Alpisümfoonia". Mäletatavasti tutvustas Paavo Järvi oma dirigenditee alguses Lepo Sumera orkestriteoseid mitmel puhul ja erinevate orkestritega ning mängis Sumera muusikat plaadile ka meie ERSO-ga. Pärnu festivalil antakse välja Lepo Sumera nimelist loomingupreemiat, selle pälvis nüüd Jüri Reinvere, mis selgus festivali viimasel kontserdil eile.

Sama 16. juuli hilisõhtul dirigeeris Paavo noorem vend Kristjan Järvi oma põneva öökontserdi kava Pärnu muusikafestivalil. Kaks noort Järvit esinevad samal õhtul kahes Eesti erinevas paigas – see on harukordne sündmus. Veel mõni aasta tagasi oli Kristjan Järvi Pärnu festivaliga üsna vähe seotud.

Väga rikas esinemistest on juulikuu olnud maestro Neeme Järvile. 5. juulil dirigeeris ta traditsioonilist kontserti Tallinnas "Suur suvine kohtumine. Sõbrad" Alexela kontserdimajas ERSO ees. Kontsert kujunes eelmänguks rahva suurele laulupeole seda klassikalisena sisse juhatamas. Osa 5. juuli kavast oli peaprooviks aga ERSO esinemisele Prantsusmaal Montpellier's (Le Festival Radio France Occitanie Montpellier). Juubelilaulupeol dirigeeris Neeme Järvi mõlemal päeval, 6. ja 7. juulil Tallinna laululaval.

Vähem kui nädal hiljem sõitsid ERSO ja maestro Neeme Järvi Prantsusmaale – Eesti rahvusorkester oli kutsutud avama 11. juulil Prantsuse Raadio suvefestivali "Soleil de Nuit" Lõuna-Prantsusmaal Montpellier's. Festivalidest küllusliku Prantsusmaa see muusikapidustus pühendub Põhjala ja Baltimaade muusikale ja heliloojatele, kontserte toimub kuni 26. juulini kogu Oksitaania regioonis. Festivali kunstiline juht on Jean-Pierre Roussau.

ERSO ja ka Neeme Järvi esinesid Prantsuse festivalil esmakordselt, meie muusikud mängisid teatri Opéra Berlioz suurepärase akustikaga saalis kongressikeskuses Le Corum. Kava kandis pealkirja "Le choc des Titans" ja ettekandele tulid Jean Sibeliuse süit "Pelléas ja Mélisande", Beethoveni Viiulikontsert, solistiks 18-aastane rootsi viiuldaja Daniel Lozakovich. Neeme Järvi otsustusel tutvustati prantsuse kuulajaile aga ka Eesti kogu orkestrimuusika üht väljapaistvamat teost, Eduard Tubina Sümfooniat nr. 5 (1946), loodud emigratsioonis Stockholmis.

Pärast Neeme Järvit ja Eesti orkestrit dirigeeris 12. juulil samas saalis Kristjan Järvi. Koos Montpellier' orkestriga (Orchestre national Montpellier Occitanie) tõi ta publiku ette oma kava "Midnight Sun": Rautavaara, Kristjan Järvi, Pärt, Vasks, Max Richter, Stravinski. Neeme Järvi oli käinud kuulamas ka Kristjani kontserti. Ta kirjeldab muljeid mõlemalt, 11. ja 12. juuli väga menukalt kontsertõhtult, mil kava võeti vastu ovatsioonidega: Kristjanil geniaalne kava, ta ise selle juhina suurepärane, kaastegev fantastiline viiulisolist norralanna Mari Samuelsen, kelle kanda olid koguni kolme teose esitused, Kristjan Järvi "Aurora", Arvo Pärdi "Fratres" ja Pēteris Vasksi "Üksildane ingel" (Lonely Angel);harukordne viiulitäht on ka ERSO-ga üles astunud Daniel Lozakovich, koos publikuga olid vaimustuses direktorid ja festivalijuhid, ütleb Neeme Järvi. Samasuguse kava ("Midnight Sun in Hamburg") viis Kristjan oma noorteorkestriga Baltic Sea Philharmonic publiku ette enne, 2. juulil veel Hamburgis Elbphilharmonie' 2000-kohalises väljamüüdud saalis, Mari Samuelsen ka siin solistina kaastegev, erikülaliseks Eestist Mick Pedaja.

Suure-Jaani muusikafestival lõpeb päikesetõusukontserdiga soosaarel

Taaskohtumine Eesti Festivaliorkestriga (EFO) Pärnus on orkestri asutajale ja kunstilisele juhile Paavo Järvile tema sõnul aasta tähtsaim loominguline sündmus. See on tema arvates parim orkester, mida ta on eales dirigeerinud. Parimad mängijad paljudest erinevatest orkestritest ning eri maadelt on Paavo Järvi mõttekaaslased ja kõik nende tegemised vormuvad kuidagi erilises üksmeeles. Meile veel edasigi rahvusvahelist kuulsust toov Eesti Festivaliorkester piirdus seekord vaid kahe kavaga. Teadagi olid need hüppelauaks järgmisele kõrgusele, sest Paavo ei tee ühtegi head asja ilma soodustava tagamõtteta. Orkester oli ilma kahtluseta suurepärane, nagu lihvitud plaadistusseansiks stuudios, kuulad sa teda saalis või raadios ülekantuna.

Kaks EFO kava Paavo Järvi juhatusel:

18. juulil on tippsolist Norra tšellovirtuoos Truls Mørk. Ettekandel Erkki-Sven Tüüri "L'ombra della croce" (Risti varjus, 2014), Dvořáki Tšellokontsert h-moll op. 104, Kristjan Järvi "Korale for 80" (2017/2019, uue versiooni esiettekanne), Carl Nielseni Sümfoonia nr. 1 op. 7.

21. juuli viimane kava Pärnu kontserdimajas: Paavo Järvi tellitud ja Erkki-Sven Tüüri poolt Pariisi uue filharmoonia avamiseks kirjutatud "Sow the Wind" (Külva tuult, 2015), Mussorgski neljaosaline "Surma laulud ja tantsud", Tšaikovski Gremini aaria ooperist "Jevgeni Onegin", mõlema solistiks festivalile kaua oodatud bass Ain Anger, ning Tšaikovski Sümfoonia nr. 2 c-moll. Kontserdieelne vestlus kell 19, kontserdi algus kell 20, taas otseülekanne Klassikaraadios.

Muidugi oli Järvisid, ja mitte ainult dirigente, kuulda ning näha kuni eile õhtuni Pärnu muusikafestivalil, mille suurejoonelist käekäiku kujundab kunstilise juhina Paavo Järvi. Taas mängib kontsertidel Pärnus ning festivaliorkestris ka Paavo ja Kristjani õde flötist Maarika Järvi. Avakontserti Pärnu kontserdimajas Mozartiga kavas dirigeeris Eesti Filharmoonia kammerkoori ja Tallinna Kammerorkestri ning solistide ees Neeme Järvi. Käesoleva aasta festivali resideerivaks heliloojaks oli Erkki-Sven Tüür, kes oli sellel tegev ka koordinaatorina. Koostöö niisuguses huvitavas vormis näib Paavo Järvi ja Tüüri, dirigendi ja helilooja vahel jätkuvat. Neeme, Paavo ja Kristjan Järvid on dirigentide suveakadeemia õppejõud, nende kõrval õppejõuks veel Leonid Grin. Kokku oli dirigeerimiskursante 19, Eestist Maria Seletskaja, Mart Aus ja Edmar Tuul. Alustanud 11. juulil, lõpetasid nad oma programmi pidulikult kontserdiga 20. juulil, mil kursantide kõrval juhatas akadeemia noorteorkestrit ka Kristjan Järvi. Rõõmustav oli dirigentide akadeemia programmis näha Ester Mägi teost "Bukoolika", mis toodi ettekandele 20. juuli kontserdi avapalana. Kogu festivali kontserdid olid ootamatult menukad, publik aktiivne, kaasaelav ja tänulik.

Suurepärast tööd tegi kogu festivalinädala jooksul Klassikaraadio, kuni viimase otseülekandeni pühapäeva õhtul Pärnu kontserdimajast. Toimetajad Johanna Mängel, Lisete Velt ja Miina Pärn olid agarad, täpsed ja usaldusväärsed, salvestades hulga lausa unikaalset materjali otse-eetrisse Paavo Järvi ja paljude teistega, toimetasid ja kommenteerisid huvitavalt kontsertide ülekandeid. Ka järelkuulamise võimalus on kõigil olemas, see viib meid tagasi "Suvila" keskpäevastesse saatetundidesse koos ülekantud kontsertide salvestustega. Festivali jäädvustamisel on koostöös olnud Eestisse tulnud kultuurikanali Arte TV tegijad ja Šveitsi televisioon ning Eesti TV, et teha sellest kõigest huvipakkuv muusikafilm.

Friday, July 19, 2019

Pärnu und Pizza: das Familienfestival der Järvis in der estnischen Sommerhauptstadt geht in die 9. Runde

klassiker.welt.de
Manuel Brug
19.07.2019



Der Himmel ist blau, die Lärchen und Birken schimmern auf der schnurgeraden Straße im Vorbeifahren so grün wie die Wiesen. Man meint, die Ostsee schon zu riechen. Ideales Pärnu-Wetter also. Dabei hat es gestern noch heftig geregnet. Aber jetzt, wo das 9. Pärnu Music Festival in die Wochenendhöhepunktkurve einer intensiven Konzertwoche geht, ist nicht nur das Wetter ideal für Strand, Musik und mehr. Später wird das, nach getaner Programmarbeit, selbst der Beschäftigtsein als Dauerzustand begreifende Pavo Järvi sagen: „Das ist die schönste, aber auch intensivste Zeit meines Jahres. Familie, Freunde und viel Musik, so wie ich sie programmieren möchte. Meist schlafe ich hier nur drei Stunden, wenn überhaupt, aber es schmeckt sich wunderbar an.“ Und auch den wieder zahlreich erschienen Besuchern schmeckt es offenbar wunderbar, nicht nur der im Foyer der Pärnu Konserdimaja ausgeschenkte estnische Cognac und die reichlich verteilten Orangenpralinées, auch das klangliche Kulinarium. Von der kurzen Hose bis zur Fliege, dem Gesundheitsschuh bis zum Tiroler Janker, dazu lokale Tracht und sehr viel Mustermix, das Publikum ist so bunt wie altersmäßig divers. Und total entspannt. Man kommt schließlich mehrheitlich vom Sonnenbaden und Wasserpantschen, sei es im Meer oder in einem der vielen Spas. Und am Ende wird gejohlt und gibt es Standing Ovations als sei das hier eines der populären lokalen Sängerfeste.

Dabei hat Paavo Järvi, wie immer stoisch schauend, aber umso temperamentvoller muszierend, für den ersten Auftritt seines Estonian Festival Orchestra ein durchaus anspruchsvolles Programm gewählt. Von seinem alten Hard Rock-Band-Weggefährten Erkki-Sven Tüür, der einmal mehr auch im Festival-Fokus steht, hat er dessen Streichorchesteradaption „L’ombra della croce“ an den Anfang gesetzt. Eines dieser neotonalen Werke, für die die estnische Musik, angefangen mit Arvo Pärt berühmt ist, obwohl Tüür früher anders konnte. Aber da hatte Paavo auch noch Haare und die Nächte waren noch kürzer.


Jetzt tönt das wohlgefällig, die Streicher können ihren vollen, ebenmäßigen Sound bestens ausstellen, das Musikleben als großer, ruhiger Fluss. Und auch der Urheber verbeugt sich brav mit silberner Krawatte und schwarzem Hemd.


Truls Mørk hingegen kommt ganz konventionell im Frack – und auch von Festival-Laissez-faire ist in seiner ernsthaften, fokussiert glühenden Interpretation von Dvořáks Cellokonzert nichts zu spüren. Wie oft er das wohl schon gespielt hat? Egal. Es klingt feingeistig, frisch, spontan, sehr musikantisch, weich, mit fast samtigem Bogenstrich. Ein Romantiker eben. Und man mag so gar nicht Dvořáks (nicht ganz ernst gemeintem) Diktum über das Cello folgen: „Ein Stück Holz, das oben kreischt und unten brummt.“


Wunderbar gesanglich kommen die Themen, idiomatisch richtig angehaucht von den Melodien aus Dvořáks Böhmen. Wir hören große dramatische Steigerungen, lyrische Gänsehaut-Stellen, eine fein ausgeklügelte Instrumentation. Mørk kann alles, die virtuosen Sprünge, Läufe und intonationssicheren Doppelgriffe, dann wieder die schwelgerisch langsamen Passagen, ganz vom Gesang inspiriert, bevor sich dann das Orchester zu einer grandiosen Schluss-Steigerung aufschwingt.

Überhaupt das Estonian Festival Orchestra, Rückgrat dieser Musikwoche und längst auch international auf Tournee bewährt! Das letzte, tolle Baby des großen Erziehers Paavo Järvi. Diesen erzieherischen Zug hat er von seinem Vater Neeme geerbt, der natürlich auch mit Mama Liilia im Saal sitzt. Die nicht eben kleine Abordnung des Freundeskreis des Zürcher Tonhalle Orchesters, wo Paavo im Herbst als Chef anfängt, wird das wohlgefällig zur Kenntnis nehmen.

Jung mutet die diesjährige Orchesterformation an, doch das täuscht. Ein Blick ins Programmbuch verrät – da sitzen neben ein paar Scholaren lauter allererste Musiker aus den großen, zum Teil mit Paavo Järvi verbundenen Orchestern auf dem Podium: Neben diversen estnischen Formationen sind das die Deutsche Kammerphilharmonie Bremen, das Orchestre National de France und das hr-Sinfonieorchester, das Russische Nationalorchester und die St. Petersburger Philharmonie, die Dresdner Philharmonie, das NDR Elbphilharmonie Orchester und die Münchner Philharmoniker, das Finnische Opernorchester, das Turku Philharmonic und das Lahti Symphony Orchestra, die Königlich Schwedische Philharmonie und die Göteborger Symphoniker, das Budapest Festival Orchestra, das Royal Scottish National Orchestra und das Cleveland Orchestra.

Nach der Pause geht es weiter, das hier ist ein Familienbetrieb, mit einer umgearbeiteten Uraufführung von Paavos jüngerem Bruder, dem wilden, spielverliebten Kristjan, der seit 2015 wieder in Tallinn lebt. Doch bei dem wiederum tonal schwelgerischen, eine Choralmelodie mit Vibraphon- und Glockenunterstützung zur crescendierenden Tuttiexplosion bringenden „Korale für 80“ macht fast der Kamerakran der für Artes „48 Stunden“-Reportage mitfilmenden Teams mehr Bewegungen. Brüderliche Umarmung für den Urheber.

Dieses Orchesterauftaktkonzert endet mit einer eindrücklichen 1. Sinfonie von Carl Nielsen, einem besonderen Paavo-Järvi-Liebling. Deutlich arbeitet er heraus, wie in diesem Jugendwerk die Melodik immer wieder durch eine Dur-Tonleiter mit kleiner Septime bestimmt wird. Auch für Nielsens geliebten Wechsel zwischen Dur- und Moll-Terz hat er ein offenes Dirigentenohr, und nach dramatischen Steigerungen zieht er den Abschwung lang hin, bis zum Fast-Stillstand der Musik: befreiten Zeit im scheinbar endlosen Ausklingen, auch im Als-ob-Stillstand harmonischer Bewegungen, die gern kreisförmig ablaufen.

So geht es durch die sehr ernsthaft musikalisch auseinandergenommenen vier Sätze. Das Orchester tönt wie aus einem harmonischen Guss. Fein ausgewogen sind die Gruppen, supersynchron, aber nie mechanisch wird gespielt. Sie alle eint Spontanität und Wollen. Im zugegebenen Leroy-Anderson-Schmankerl macht sich das rhythmisch pfeffrig Luft.

Und hinterher wird gefeiert, auch so ein Pärnu-Charakteristikum. In einem der wie Pilze hier aus dem Zentrumsboden schießenden Einkaufsmalls sponsert der Besitzer des Shoppinghauses und des italienischen Restaurants auf dem Dach die Party. Diesmal also Pärnu mit Pizza. Mit viel Käse, köstlich und heiß.

Friday, July 12, 2019

Umwerfende Musik

infranken.de
Thomas Ahnert
12.07.2019

Paavo Järvi über Mozarts c-moll- Messe, über ihre Bedeutung für ihn und die Gründe des Tausches im Abschlusskonzert.



Paavo Järvi erfüllt sich mit der c-moll-Messe von Mozart mit den Bremern einen Traum. Foto: Thomas Ahnert



Ursprünglich war für das Abschlusskonzert im zweiten Teil Joseph Haydns Sinfonie mit dem Paukenwirbel angekündigt worden. Aber jetzt wird es die berühmte c-moll-Messe für Soli, Chor und Orchester von Wolfgang Amadeus Mozart, die den Beinamen "Große Messe" bekam, obwohl sie unvollendet blieb.Warum wurde getauscht? Wir haben nachgefragt.


Wessen Idee war es, die Mozartmesse anstelle der Haydn-Sinfonie aufzuführen?Paavo Järvi: Es war meine Idee, weil ich den Eindruck hatte, dass wir in letzter Zeit so viele Haydn-Sinfonien gemacht haben und das Haydn-Projekt sowieso weitergeht. Aber es war reizvoll, das Festival von Bad Kissingen zu benutzen, um etwas zu machen, das außerhalb unseres normalen Repertoires liegt. Und da wir letztes Jahr "Lobgesang" und im Jahr vorher den "Sommernachtstraum" gemacht hatten, würde es sehr interessant sein, ein weiteres großes Chorwerk zu erforschen. Es gibt nichts Größeres als die c-moll-Messe.

Welche Bedeutung hat diese Mozart- Messe für Sie?Ich betrachte die meisten religiösen Chorwerke von einem völlig nichtreligiösen Standpunkt. Ich glaube, dass das Verdi-Requiem etwas, aber nicht so viel mit Religion zu tun hat. Und ich denke, dass das Brahms-Requiem nicht so religiös ist, wie man uns vielleicht beigebracht hat. Und es ist ganz klar, dass Mozarts Requiem und die c-moll-Messe eine geistliche und religiöse Seite haben, aber für mich sind sie einfach großartige Chorwerke. Sie sind Musik, die viele Komponisten einfach nicht anerkennen würden, weil sie nicht vollständig sind. Im Falle Mozarts ist das anders, da das, was er in ihnen hinterlassen hat, so unglaublich fantastische Musik ist, so umwerfend und so profund, dass wir sie einfach spielen müssen. Für mich ist die c-moll-Messe einfach ein Meisterwerk, so wie etwa das am wenigsten religiöse Requiem von Fauré es ist. Es ist ein bestimmtes Genre. Und wenn die Leute sagen, dass sie ein Festival nicht mit einem Requiem beginnen möchten, dann missverstehen sie meiner Meinung nach eine Menge, denn ein Requiem ist traditionellerweise eine Totenmesse, aber wenn man Fauré, Mozart, Brahms, Verdi betrachtet, ist es einfach ein großes Chorwerk und erst dann eine religiöses Werk.


Führen Sie die Messe zum ersten Mal mit den Bremern auf und ist es das erste Mal für die Bremer?Der Bremer haben es schon oft aufgeführt und ich habe es schon oft dirigiert, aber wir machen es zum ersten Mal zusammen. Deshalb ist es so etwas wie eine bedeutsame neue Erfahrung für uns.

Was haben Sie den Musikern gesagt, bevor Sie mit den Proben begannen?Wir arbeiten schon 20 Jahre zusammen. Deshalb ist das Einzige, was ich zu den Musikern sagen muss, wenn wir ein neues Stück beginnen, ist: "Guten Morgen!" Ich halte keine Motivationsreden am Anfang, vor allem nicht bei der Kammerphilharmonie. Das Orchester und ich haben eine solch ähnliche Auffassung und haben schon so viel Musik zusammen gemacht, dass es der Worte nicht wirklich bedarf.



Und was ist Ihnen in diesem Stück wichtig?In diesem Stück? Alle diese Kompositionen stellen die gleichen Probleme wie alle anderen Musikstücke: Probleme der Proportion, der Ausgewogenheit, der Beziehungen zwischen den Tempi, der unterschiedlichen Lautstärke. Und so gehen wir - oder zumindest ich und selbstverständlich auch das Orchester - sie auf einer sehr musikalischen Basis an. Wir beginnen zu spielen und sagen uns: Okay, das ist jetzt das Tempo, wie gestalten wir die Übergänge, was ich die richtige Balance, wen sollten wir mehr hören, wen weniger? Wir müssen uns dort der Akustik anpassen, wo wir proben und dort, wo wir die Aufführung spielen. Der Prozess ist sehr organisch und sehr an der Musik orientiert. Es ist auf jeden Fall ein sehr organischer, kein akademischer Prozess und hat sicherlich auch keinen unterrichtlichen Charakter. Es ist der Prozess, ein Musikstück zu schaffen mit Musikern auf einem sehr hohen Niveau.

Warum hat Mozart dieses Stück Kirchenmusik in einer problematischen Zeit geschrieben, die dieser nicht gewogen war?Ich glaube, er war verliebt und er dachte an diese Konstanze, die ja übrigens das erste "Et incarnatus" sang, und er hoffte auch irgendwie, dass ihr Vater ihn akzeptieren würde, was er ja anfangs nicht tat. Meiner Ansicht nach gab es eine Menge persönlicher Gründe für Mozart. Ich denke auch, dass viele Komponisten, sogar die größten, Musik aus zwei Gründen komponierten. Sie hatten entweder einen Auftrag oder sie mussten Geld verdienen oder sie hatten bestimmte Personen im Auge, die ihre Sponsoren werden könnten. Zuerst ist da immer eine innere Notwendigkeit, ein Musikstück zu schreiben, aber ich denke, eine Menge dieser größeren Kompositionen wurde auch aus konkreten und praktischen Gründen geschrieben.
Musiker in dieser Zeit waren viel praktischer orientiert und ihr Leben war auch viel komplizierter, als wir uns heutzutage vielleicht vorstellen können. Und eine Menge der größten und viel aufgeführten Werke wurden in Wirklichkeit einfach geschrieben, weil der Komponist ein Einkommen brauchte. Wenn wir uns nur Beethoven anschauen, der dasselbe Stück zwei verschiedenen Grafen widmete. Ich denke, dass die wirkliche Motivation ein Stück zu schreiben, immer ein Geheimnis bleiben wird. Niemand wird jemals wissen, wie jemand etwas so Großes hervorbringen wird. Aber es hat wahrscheinlich weniger mit dem religiösen und spirituellen Aspekt zu tun, als vielmehr damit, eine Messe zu schreiben. Auch damit, dass Mozart als Musiker sehr stark von Händel und Haydn beeinflusst war, und dies waren die großen Komponisten von Chormusik. Und er musste sich beweisen, indem auch er Chormusik schrieb. Es gibt buchstäblich Stellen in der Messe, in der man beinahe Händels "Halleluja" hört.

Warum hat er mitten in der Komposition mit dem Schreiben aufgehört?Ich weiß es nicht. Es ist ein Geheimnis. Niemand weiß es wirklich, obwohl es viele Theorien gibt. Vielleicht war er enttäuscht, weil der Vater Konstanzes ihm keine Anerkennung schenkte. Vielleicht hat er auch einen besseren Auftrag gekriegt.

Hätte er es nicht für Konstanze beenden können?Das stimmt. Aber allein diese besondere Arie, das "Et incarnatus est", die er für sie geschrieben hat, ist schon für sich allein eine der größten Kompositionen. Diese wunderbare Holzbläserkadenz mit dem Sopran am Ende weist auch in die Zukunft, da man nicht oft drei Holzbläser und einen Sopran findet, die zusammen eine Kadenz musizieren. Das ist sehr originell, und es ist auch unglaublich schön.


Wer wird sie singen?Wir haben eine wunderbare Sopranistin,
Valentina Farcas.

Wir kennen sie hier aus ihrer Anfangszeit am Meininger Theater.Sie ist eine großartige Sängerin. Ebenso wie Julia Lezhneva, die eine außerordentlich gute Sängerin ist.

Vielen Dank für das Gespräch.


https://www.infranken.de/regional/bad-kissingen/umwerfende-musik;art211,4329370

Sunday, July 07, 2019

Heimspiel für einen Star aus Ingolstadt

donakurier.de
Jesko Schulze-Reimpell
7.07.2019
Der Geigerin und Festivalleiterin Lisa Batiashvili gelingt ein denkwürdiger Auftritt bei den Audi-Sommerkonzerten



Explosives Temperament: Lisa Batiashvili spielt das Tschaikowsky-Violinkonzert, Paavo Järvi dirigiert.
SauerDas bemerkt man sofort bei der Probenarbeit, egal, ob jetzt Chefdirigent Paavo Järvi vor den Musikern steht oder ein Gast wie Jérémie Rhorer. Da gibt der Orchesterleiter etwa ein paar Anweisungen, sofort erinnert die Konzertmeisterin die zweiten Geigen daran, dass auch sie an einer Stelle etwas zu spät einsetzen, und der Klarinettist sagt, man sollte hier schon sehr prägnant musizieren, allerdings nicht so laut. Paavo Järvi kommentiert die Bemerkungen nicht.

Was ist das? Ein Orchester, bei dem jeder einfach so mitreden kann? Kratzt das nicht an der Autorität des Pultstars? Kann man so arbeiten?

"Wir sind ein selbstorganisierter Klangkörper", erläutert Bratscher und Orchestervorstand Jürgen Winkler. "Jeder von uns ist sehr aktiv am Gestaltungsprozess beteiligt. Paavo Järvi nimmt das gut auf. Ideen, die aus dem Orchester kommen, blockt er nicht ab, sondern integriert sie in sein Konzept. " Nur unsichere Dirigenten hätten damit Schwierigkeiten. Und er fügt noch hinzu: "Früher haben wir noch viel mehr hereingeredet, aber inzwischen hat sich das auf ein vernünftiges Maß reduziert. "

Paavo Järvi (56) ist bereits seit 2004 Leiter der Deutschen Kammerphilharmonie. Zusammen sind Orchester und Dirigent gewachsen, heute gilt Järvi als einer der am höchsten gehandelten Orchesterleiter überhaupt. Außer den Bremern leitet er noch Japans bestes Orchester, das NHK Symphony Orchestra, und ab der kommenden Saison das hoch angesehene Tonhalle-Orchester Zürich.

Mit der demokratischen Gesinnung der Kammerphilharmonie hat der aus Estland stammende Dirigent keine Probleme: "Es ist einfacher mit einem solchen Orchester", sagt er. "Es gibt hier einen Sense of Ownership. Wenn man seinen eigenen Laden hat, dann guckt man bei der Arbeit nicht auf die Uhr, sondern tut das, was nötig ist. "

Die musikalische Demokratie hat allerdings ihre Kehrseiten. Gerade in den Anfangsjahren ist das 1980 von Studenten gegründete Orchester mehrfach dicht an der Pleite vorbeigeschrammt. Inzwischen werden 40 Prozent der Einnahmen des Orchesters von Sponsoren übernommen. Zudem gibt es Unterstützung von der Stadt Bremen.

An die Zusammenarbeit mit der Geigerin Lisa Batiashvili haben die Orchestermitglieder nur gute Erinnerungen. "Sie ist eine große Geigerin", sagt Jürgen Winkler. Und er erinnert an eine Anekdote, die sich vor über zehn Jahren in Bonn zugetragen hat. Damals fiel ein Dirigent aus, und es fand sich so schnell kein Ersatz. Also musizierte das Orchester das Beethoven-Violinkonzert mit Lisa Batiashvili ohne Orchesterleiter - und alles funktionierte so gut, dass man die Version dann auch auf CD einspielte. Diese Erfahrung hat das Orchester geprägt. Diesmal hat Paavo Järvi dem Orchester lachend zugerufen: "Das klappt so gut, ihr könnt auch ohne Dirigenten auftreten. "

Tatsächlich ist in jedem Augenblick die Unabhängigkeit, die unbändige Leidenschaft dieses Orchesters, das so sehr für seine eigenen Geschicke verantwortlich ist, zu spüren. Die Musiker sitzen förmlich auf der Stuhlkante beim Musizieren, sie geben alles. Man wagt es kaum zu schreiben, aber da wirken sogar die viel berühmteren BR-Symphoniker, die bei den Sommerkonzerten am Sonntag ein bewegendes Konzert gaben, fast ein wenig beamtig verglichen mit dem Feuereifer der Bremer.

Peter Tschaikowskys Violinkonzert und Werke von Robert Schumann standen am Freitagabend auf dem Programm des Konzertes im Rahmen der Audi-Sommerkonzerte. Schumann ist fast schon ein Hausgott für das Orchester - neben Beethoven, mit dessen Sinfonien die Musiker sich das größte Ansehen erspielen konnten. "Schumann liegt in unserer DNA", sagt Järvi. Und: "Ich mag Schumann einfach. "

Aber Schumann ist ein komplizierter Komponist. Schon kurz nach Erscheinen seiner Sinfonien setzte eine ebenso dauerhafte wie letztlich unergiebige Diskussion über die vermeintliche Unfähigkeit Schumanns ein, Orchestermusik zu instrumentieren. Der Romantiker galt als verhinderter Pianist, der seine Kompositionen von den schwarz-weißen Tasten aus erdachte. Immer wieder wurden seitdem die Sinfonien neu instrumentiert oder mit Retuschen versehen - etwa von Gustav Mahler (mit 355 Änderungen bei der 2. Sinfonie). Das Problem der Schumann-Sinfonien ist kurz umrissen: Die meisten Komponisten komponieren Dynamik. Fortissimo-Passagen werden von vielen Instrumenten gespielt, besonders die kraftvollen Blechbläser treten hervor, leise Stellen sind minimalistisch besetzt.

Bei Schumann aber spielen tendenziell alle Musiker ständig. Dynamik ist damit eine Sache der Spielweise, der Interpretation. Eine schwere Aufgabe - die der Deutschen Kammerphilharmonie Bremen allerdings unfassbar gut gelang. Bei Schumanns Zweiter wuchsen die Musiker schier über sich hinaus, bei Fortissimo-Einsätzen riss es die Musiker fast schon von den Stühlen, im Pianissimo, wie in der fugenartigen Passage im langsamen Satz, formten sie die Töne haarscharf an der Hörbarkeitsgrenze. Und Paavo Järvi ließ den Klang strömen, die Streicher produzierten sinnlich-weichen Glanz, die fantastischen Holzbläser brachten ihre Instrumente förmlich zum Singen.

Der bisherige Höhepunkt der diesjährigen Sommerkonzerte hätte diese Schumann-Sinfonie sein können, wenn es da nicht noch das Tschaikowsky-Violinkonzert gegeben hätte mit der Festivalleiterin Lisa Batiashvili als Solistin.

Erst spät in ihrer Laufbahn hat sich die Georgierin dem süffigen Konzert zugewandt. Inzwischen ist es vielleicht ihr größter Erfolg, weil sie genau das richtige Maß findet zwischen traumschön schmelzender Tonschönheit und fast aggressiver, energiegeladener Rasanz. Während sie den ersten Satz noch verhalten nahm, der Druck aufs Tempo eher von Paavo Järvi ausging, und den langsamen Satz poetisch zart formte, liefen die Musiker im Finalsatz zur Höchstform auf. Lisa Batiashvili duckte sich in der Kadenz geradezu, als wollte sie sich langsam an das sprudelnde Thema anschleichen, fetzte über die Saiten, verlangsamte urplötzlich das Tempo, um dann in geradezu höllischem Tempo in den Hauptteil des Satzes einzusteigen. Ein aberwitziges Rennen gegen die Zeit begann, ein Lauf gegen die Gesetze der Physik, eine Demonstration schier übermenschlicher Präzision.

Die Spannung bei diesem Konzert lag fast erdrückend im Saal. Lisa Batiashvili musste das gespürt haben, diese Heimspiel-Atmosphäre, bei der es um alles ging und um jeden einzelnen Ton. In diesem Moment war Lisa Batiashvili Weltstar und zugleich ganz und gar Ingolstädterin. Nachdem der letzte Ton verklungen war, kannte die Begeisterung des Publikums kaum Grenzen, die Besucher sprangen von ihren Sitzen auf, jubelten, pfiffen und riefen Bravo. Und die Geigerin? Strahlte völlig erschöpft, blickte dann überrascht, ja fast verlegen den Menschen entgegen, die sie zu Tränen gerührt hatte. Ein großer, hochemotionaler Augenblick für Ingolstadt und für die Audi-Sommerkonzerte.


https://www.donaukurier.de/nachrichten/kultur/Heimspiel-fuer-einen-Star-aus-Ingolstadt;art598,4243004

Friday, July 05, 2019

Behind the Scenes: the orchestral rehearsal

bachtrack.com
Mark Pullinger
5.07.2019

Henry Wood Hall in the pouring rain is not exactly an enticing prospect on a Wednesday morning. Clinging to Starbucks cups and shaking off their coats as they enter, players check their names off the register and greet desk partners. Oboists obsessively scrape and scratch at reeds, the flute section gossips, violinists scribble markings on scores. We all know orchestras put in hours of preparation before each concert… but what exactly goes on during rehearsals? I spent the day with the Philharmonia watching them rehearse with Paavo Järvi to find out.
Paavo Järvi rehearses the Philharmonia © Mark Pullinger
Paavo Järvi rehearses the Philharmonia
© Mark Pullinger
Järvi is a familiar face to London audiences, frequently conducting the Philharmonia, so the players largely know what to expect. By 10:29, all are in place – bar a tardy second violin – and Concertmaster Designate Benjamin Marquise Gilmore stands to greet Järvi who, without a word, launches straight into the growling opening phrase of Tchaikovsky’s Pathétique.
What surprises me is that there is very little interruption to the music, playing through all four movements with only momentary pauses to correct things – more swell to the violas’ dynamics, asking the bassoons to hold a tenuto marking a little longer, seeking more horn menace, or cleaning up the ending to the lop-sided 5/4 second movement waltz with a neat baton flick.
“More and more, I try to play right through first,” Järvi explains during a break. “Musicians are human beings. It doesn’t matter how many times they’ve played a piece, they still need to play through it once. Musicians’ brains are very quick, so once they’ve played it through, a lot of things fall naturally into place and there is a lot that is understood without any word from me. In London, there is always little rehearsal time. With a short rehearsal period, you can’t immediately get into minute details before you’ve had a chance to inhabit the work. It’s a waste of time.”
Paavo Järvi © Julia Bayer
Paavo Järvi
© Julia Bayer
I follow the score as Järvi then works from the finale back to the first movement, correcting dynamics or seeking rhythmical clarity by shortening a note in the march, the conductor bouncing along wearing a broad grin. The triumphant end to this movement often induces a burst of applause. Does this matter?
“Oh it does,” he declares. “It’s a tricky thing. I don’t mind in some music when the audience applauds. But in between the third and fourth movements of the Pathétique, they really shouldn’t applaud because there is a story which is still being told. Applauding the Scherzo makes it like a silly tenor aria in opera where the applause breaks the story and then it resumes. I don’t mind if they applaud after the first movement of Tchaikovsky’s Violin Concerto – it invites applause – but in this particular case, knowing the whole dramatic background to the symphony, it’s better if there is none.”
Then how does he avoid applause? “I try to move straight into the finale, but an attacca here is not musical – there has to be a breath, so you just have to rely on timing and good luck.” This is clearly something that can’t be rehearsed.
What can be rehearsed are details in phrasing, elongating the first note of the violins in the “big tune” in the first movement to emphasise its yearning qualities, or sharpening up crispness in the brass attack. Järvi is known for rehearsing very thoroughly which, as violinist Victoria Irish admits over lunch, is more tiring as they end up playing more. “The Philharmonia is a very adaptable orchestra though,” she explains, “and it tends to morph into the style of the conductor who is rehearsing us very easily. We’re like putty.”
Paavi Järvi rehearses the Philharmonia © Mark Pullinger
Paavi Järvi rehearses the Philharmonia
© Mark Pullinger
She relates a recent concert under Philippe Herreweghe, a period instrument specialist, that really took the orchestra out of their comfort zone. “He had to do a lot of work to reduce vibrato, with more concise bow strokes, but he managed to get us playing in quite an authentic way.”
Järvi touches on that authentic approach in the afternoon when they rehearse Beethoven’s Egmont Overture, where period timpani and “historically informed performance” manners drive the music-making forward. Järvi makes big scything baton sweeps as the decibels swell, the double bass principal shielding his ears from neighbouring piccolo shrieks.
It’s good to see the orchestra is proactive in rehearsal too, the same bass principal requesting that they can resume a section from a certain point so they can tidy something up. “It’s a fantastic orchestra,” Järvi says. “It has an incredible musical spirit. I am a big fan. There is no sense of routine. The engagement with the music is very fresh and very real.”
Mid-afternoon, soloist Viktoria Mullova arrives to rehearse Sibelius’ Violin Concerto. Her aristocratic tone is familiar, but there is nothing aloof about her manner. Much of the communication with Järvi is done through smiles and a few quick checks of his score. What role does the conductor play in rehearsing a concerto? Is there ever a battle of wills? Järvi admits he only really works with soloists whose musicianship he respects and he is happy to listen to what the soloist brings to the table.
Paavo Järvi © Kaupo Kikkas
Paavo Järvi
© Kaupo Kikkas
“In the best cases,” he explains, “concertos are collaborative but as a conductor you have to live or die for your soloist. I don’t impose my view. There are certain cases where you don’t understand why someone is doing something and then you have a problem and have to clarify but usually there are many ways of doing things. The only test is not whether you agree with their point of view or not, but can it convince at that moment? I’ve seen Sibelius played by Leonidas Kavakos and Sibelius played by Midori and they couldn’t be any more different but both of them were totally valid views.”
Happily, Mullova and Järvi are on the same page when it comes to Sibelius and before long they are busy rehearsing Arvo Pärt’s Passacaglia which is to be the surprise encore in Saturday’s Royal Festival Hall concert. Scored for just violin, string orchestra and vibraphone, it enables the other Philharmonia players to pack up and head back out into the open, just in time for the latest torrential downpour.