Saturday, August 20, 2011

«Esta crisis en el negocio musical es algo positivo que debería continuar»

Gara.net
Mikel Chamizo/Donostia
17 Aout 2011

Paavo Järvi

Director de orquesta

La Quincena Musical donostiarra reanuda esta tarde su programación sinfónica en el Kursaal con la presencia de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Frankfurt, una de las grandes orquestas alemanas, que interpretará obras de Jean Sibelius y Carl Nielsen bajo la batuta de uno de los directores más prestigiosos en Europa, el estonio Paavo Järvi.

Paavo Järvi, hijo del también célebre director Neeme Järvi, llega hasta la Quincena Musical con un programa basado en música de compositores del norte de Europa, con los que comparte fuertes lazos geográficos, estéticos y sentimentales. No obstante, se muestra convencido de que todo amante de la música en cualquier lugar del mundo puede acceder y comprender estas músicas de factura puramente nórdica.

Llegan con un programa cien por cien nórdico. ¿Qué es lo que el público de Donostia debería buscar para comprender y apreciar al máximo estas músicas?

El problema con Sibelius y con Nielsen no es tanto un problema de entendimiento, sino de haber estado expuesto a su música. Muchos grandes directores en el pasado simplemente no dirigían estas músicas, de forma que nunca llegaron a convertirse en parte del gran repertorio. En mi opinión, no tiene nada que ver con la calidad ni la originalidad de la música, es simplemente el hecho de que es desconocida. Tenemos mucho más opinión y comprensión de Brahms, Tchaikosqui y otros compositores centroeuropeos porque los escuchamos mucho. Sin embargo, en Inglaterra Sibelius y Nielsen son populares. En Alemania no lo son tanto, y en los países mediterráneos prácticamente nadie los toca.

Especialmente poco conocida es la obra y la figura de Carl Nielsen. Quizá nos cuesta un poco entrar en su mundo estético. ¿Por qué razones debemos aceptar que se trata de un gran compositor?

Para mí hay muy pocos compositores del siglo XX que hayan sido grandes sinfonistas. Si dejamos a un lado a compositores alemanes de principios del siglo como Mahler, los grandes sinfonistas del siglo XX son Prokofiev, Shostakovich, Nielsen y Sibelius, en parte porque otros compositores importantes de la época estaban escribiendo poemas sinfónicos y alejándose de las formas tradicionales de la sinfonía. Cuando te paras a analizar a los sinfonistas de pura cepa, descubres que Nielsen posee un lenguaje distinto y original. Escuchas tres compases y sabes que se trata de Nielsen, no se parece a nadie más, tiene un lenguaje específico y consistente, algo muy difícil de conseguir. Ocurre algo parecido con Prokofiev y, en ocasiones, con Shostakovich.

El «Concierto para violín» de Sibelius fue polémico desde el día de su estreno, y aunque hoy es una obra central del repertorio para violín y orquesta, todavía hay gente que la considera una obra musicalmente mediocre.

Es una pregunta compleja, porque una de las críticas que más se le hizo a Sibelius en la prensa, especialmente en Alemania, fue que no comprendía cómo dar forma correctamente a una obra musical. Es una tontería, porque Sibelius precisamente estaba buscando variar ligeramente las formas establecidas, no rompiendo con ellas como pudieron hacerlo Debussy o Ravel, sino partiendo de las estructuras clásicas para modernizarlas. En cuanto al «Concierto para violín», hubo una gran confusión entre los musicólogos, especialmente por parte de Adorno, que lo tachó de erróneo porque no se correspondía con la forma clásica de una sonata. Por este tipo de juicios mucha gente terminó pensando que Sibelius no era lo suficientemente profesional, bien formado o inteligente. Pero es que, precisamente, Sibelius con este concierto estaba experimentando con nuevas estructuras. La gente no lo llegó a comprender y se generaron muchas malinterpretaciones sobre el concierto y sobre Sibelius en general. Pero no hay mejor juez que el paso del tiempo, y hoy en día este es, junto con los de Beethoven, Brahms y Tchaikovsky, el concierto para violín más importante del repertorio, y ningún solista de violín puede prescindir de tocarlo.

Nació usted en Tallin. Desde fuera asociamos musicalmente a Estonia con la figura de Arvo Pärt. ¿Qué tendencias dominan en la música contemporánea en Estonia, además de Pärt?

Estonia es un país pequeño, con millón y medio de habitantes, pero en la relación a su tamaño tiene una vida musical bastante importante. En compositores, y además de Arvo Pärt, tenemos a Eduard Tubin, Lepo Sumera o Veljo Tormis, nombres que son relativamente bien conocidos a nivel internacional. Ahora hay toda una nueva generación de jóvenes compositores que están trabajando muy activamente, y tengo la sensación de que, en relación al tamaño que tenemos, muchos países más grandes podrían tenernos envidia. Una de las razones de toda esta creatividad, tanto para lo bueno como para lo malo, es que no tenemos una gran tradición musical. Cualquier joven compositor alemán, aunque sea inconscientemente, no puede dejar de entroncarse en una línea que se remonta a Bach, Beethoven y todos los grandes autores que ha tenido el país. Pero en Estonia la tradición musical no se remonta más allá de un siglo. No hay mucho donde mirar atrás, y esta falta de referentes hace que los compositores actuales se sientan un poco más valientes a la hora de no preocuparse por el pasado. Por eso, muchos de nuestros jóvenes creadores vienen del terreno de la música rock, y tienen una fascinación por los compositores más coloristas del siglo XX, como Stravinsky, Debussy o Ravel.

También es americano: estudió en Estados Unidos y ha desarrollado una parte muy importente de su carrera allí. Como músico que se mueve entre el viejo y el nuevo mundo, ¿sigue habiendo grandes diferencias entre dirigir orquestas americanas y europeas y, en general, en la vida musical de ambos continentes?

Sí, sigue habiendo grandes diferencias, pero no sólo entre orquestas europeas y americanas, también entre las orquestas alemanas, francesas, españolas o rusas. Digamos que el modelo americano de orquesta se basa en una gran perfección técnica, en que la orquesta sea una maquinaria brillante. Esto, por un lado, permite lograr resultados artísticos extraordinarios, pero la sociedad americana no está demasiado implicada con la música clásica, no la consume ni tiene el rol social que sí tiene en Europa. No me refiero a que aquí estemos siempre escuchando música clásica, pero es un hecho que en Alemania existe una comprensión básica de la música de tradición clásica que no existe en América, que es una cultura mucho más joven. Pero esta identificación con la música clásica también varía en grados muy diversos dentro de la propia Europa, y si vas a la República Checa, a Hungría o a Rusia te encuentras con repertorios y visiones muy diferentes de los que te puedes encontrar en la Europa occidental.

Su padre, Neeme Järvi, ha sido un director que ha destacado, entre otras cosas, por grabar infinidad de discos. A usted le está tocando vivir una época en la que la industria discográfica está sufriendo convulsiones muy profundas. ¿Cómo cree que está afectando, y afectará, al mundo de la música clásica?

Yo creo que esta crisis de cambio en el negocio musical es, en realidad, algo positivo que debería continuar. Algunas de las grandes estructuras que han estado controlando la música durante décadas deberían desaparecer, porque no te puedes imaginar lo difícil que era antes realizar una grabación. Sin embargo, fíjate en cuántas grabaciones se hacen hoy en día y cuántos músicos interesantes podemos escuchar, a los que jamás hubiéramos tenido acceso si se siguiera manteniendo el monopolio de esas tres o cuatro grandes compañías que sólo están interesadas en las estrellas con glamour. Hoy en día las opciones para grabar se han diversificado, y prácticamente todos los conjuntos tienen la oportunidad de grabar discos y de difundirlos por medio de internet. En iTunes y similares puedes conseguir prácticamente cualquier cosa, por lo que el criterio está pasando de ser el de los intereses de la compañía discográfica al de la pura calidad de las interpretaciones. En el mundo de las orquestas, por ejemplo, hoy en día cada vez son más las que prescinden de las grandes compañías discográficas para apostar por su propio sello discográfico, y les va muy bien. Además, con un poco de imaginación y voluntad, los sellos pequeños realizan proyectos más interesantes, sin tanta presión por conseguir un gran éxito de ventas.

El violín más joven para Sibelius

La parte solista en el “Concierto para violín” de Sibelius que se podrá escuchar esta tarde ha sido encargada a Vilde Frang, una de las más recientes estrellas juveniles de la división clásica de EMI. En 2010, con sólo 24 años de edad, Frang presentó su primer disco con los conciertos de Sibelius y Prokofiev, por el que recibió buenas críticas. Aunque haya caído en esta carrera de las discográficas por vendernos cada vez a estrellas más jóvenes y carismáticas, Frang posee un sólido pasado como niña prodigio del violín, debutando con tan sólo 10 años con la Orquesta de la Radio de Noruega, su país natal. Dos años más tarde el director Mariss Jansons le dio su gran oportunidad y desde entonces ha encontrado la protección de grandes nombres del violín como Anne-Sophie Mutter o Gidon Kremer, que le han abierto las puertas para actuar con las mejores orquestas europeas. M. C.

http://www.gara.net/paperezkoa/20110817/285330/es/Esta-crisis-negocio-musical-es-algo-positivo-que-deberia-continuar

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